Sí, tal vez es por la historia que tengo con él, pero este visor de verdad creo que tiene un par de ventajas indiscutibles y bueno, hasta que no salgan en México todos los demás que nos han prometido, ya saben, los de gama alta – ¡uy, qué alta! :), – los de la mejor experiencia inmersiva – ¡qué increíble! :D, – que también son los que aún no venden en México – WA, Wa, wam… 😦 – yo… seguiré disfrutando de mi Gear VR sin demasiadas ganas de probar los de las marcas chinas, los parecidos nacionales, ni los mil y un de fomi, cartón y demás materiales fácilmente deteriorables y con un rango de visión más bien bajo.

¿Cómo llegó a mi?

Yo digo que por destino. Ya había yo estado leyendo de la inminente realidad de la realidad virtual, visto al Zuckerberg pasearse como dueño del mundo en su presentación de la alianza con Samsung, ya me había emocionado y dicho :O ¡sí! compraré un visor. Había decidido que el Oculus y la verdad, sin haber entendido que había dos y uno que era móvil,  confieso que incluso no tenía idea de que el famoso Gear VR ya lo vendían en México hace un año… – así de desapercibido pasó entre la gente no gadgetera como yo – ¿y qué siguió? que me empezó a entrar el gusanito de si actualizarme y comprarme el avisado Galaxy S7, estaba pensándolo mucho, lo quería, hasta me emocionaba con el comercial de que ya venía, pero por otro lado me parecía muy caro, ya saben, se dijo por ahí que estaría en 17 mil pesos +_+ – es demasiado -pensaba -no deberías gastar tanto en un aparatejo… – pero es contra agua, graba en 4K, será compatible con la realidad virtual… – ¡maldita indecisión! – y así estaba, debatiéndome entre gastar o no gastar cuando un compañero de la oficina, el último día de la preventa del Galaxy mentado en Telcel, apareció por el pasillo con una cajita en las manos.

– ¡Ah! ¡¿de dónde sacaste eso?! – gritamos Da y yo al mismo tiempo. ¡Ahí estaba! él lo tenía. Él tenía un visor de realidad virtual.

– ¿Saben qué es? – él no estaba muy seguro de qué traía consigo y si sí no es que le fuera emocionante.

– ¡Sí! ¡Sí! ¿de dónde lo sacaste! – Da y yo teníamos los ojos abiertos e intercambiábamos miradas de asombro y emoción.

– Me lo regalaron en la compra del Galaxy S7.

¡Y que me vuelvo loca! Fui a Telcel a comprar el teléfono y a conseguir el visor. El dependiente todavía se le ocurrió decirme que ya no había y jugar así con mis sentimientos, pero al final dijo que había encontrado uno. ¡Ah! qué cosas bellas de la vida. De un instante a otro no solo tenía el Galaxy deseado, que por cuentas que no entiendo me salió 7 mil pesos menos de lo que los rumores habían decretado (me dejaron pagarlo a meses y demás facilidades), sino que además por fin, por fin, ¡por fin! tenía en mis manos un visor de realidad virtual.

Había esperado años. ¿Por qué? porque no tenía idea de dónde, cómo, cuánto costaba, qué había que hacer. Solo los había visto en películas y soñado con que un día pudiera tener uno en mi poder. Para mi era una de esas cosas tecnológicas que quizá no me tocaría vivir, algo del futuro, de lo que se habla pero que nunca llega, si pues, como la inmortalidad, el dominio de los androides sobre los humanos, la conquista del espacio y la cura del sida o del alzheimer.

Claro está, como nunca había probado uno, más que el cardboard de cartón de Google que aunque me había gustado no me había parecido así que tú digas ¡uy! impresionante, temía que fuera una experiencia demasiado lejana a mis expectativas (sí, así como luego me enteré que les pasó a los usuario del virtual boy de Nintendo allá hace tantos años). Si era chafa, si no me transportaba… ¡ah! ¿cómo será?… me pregunté toda aquella tarde deseosa de llegar a casa, seguir las instrucciones con mucha, mucha calma y probar por fin la tan sonada realidad virtual.

Mi primer asomo

Primera ventaja: la experiencia es realmente inmersiva.

Yo lloré… ¡vaya! ¡qué sensación! como entrar en un sueño… pero completamente consciente. ¿Nunca imaginaste que podrías poner rec a lo que soñabas y luego entrar despierto ahí, yo sí, siempre he querido poder hacerlo, y con esto es bastante parecido. Mirar en todas direcciones y sentir que estaba ahí me erizó el cuerpo y las ideas, el sin fin de posibilidades se disparó en mi cabeza. Era lo que había imaginado y aunque hoy, a varios meses de eso, crea que aún falta solucionar un montonal de cosas técnicas, he tenido momentos ahí, en el mundo dentro del visor, que me siguen emocionando.

Te puedo decir que si no has probado aún la realidad virtual, es hora de buscar dónde, te garantizo que querrás estar vivo cuando sea perfecta.

¿Y después?

Después empecé a hacer uso de la segunda ventaja indiscutible que según yo tiene este bello visor y es su cualidad de móvil. Me lo llevé a la oficina, a la calle, a casa de mis amigos y les dije a todos, mira esto, pruébalo.

Se lo he mostrado a poco más de una docena de personas y no hay una sola que no haya dicho que es impresionante (ya debería pagarme Samsung por hacerle tanta publicidad) y sí, teniendo el teléfono, el visor y conexión a Internet puedes compartirlo incluso en el estacionamiento del trabajo como le hice con Da y con Di ;).

Los visores de gama alta necesitan equipos de escritorio de mucha potencia, cables, sensores y hasta cámaras. No pongo en duda que la experiencia en ellos es muy superior, pero el hecho de no estar atado a cable alguno y poder estar sobre una montaña rusa, sentado en la nieve o metido en un jacuzzi con el visor puesto, no pueden negarme que es bastante atractivo en la búsqueda de experiencias 4D.

¡En fin! yo amo mi Gear VR. Y aunque claro que por supuesto quiero un HTC Vive (sí, ya dejé de lado la idea de comprar el Oculus) aún no es tiempo de él para los mortales, así que me entretendré con esto. 😉

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