18 de mayo de 2013

Francisco Franco reloaded // Darío Corbeira

Fuente: Brumaria

(Algunas consideraciones acerca de una invitación
a participar en una exposición sobre Francisco Franco)

Por medio de un asistente de Santiago Sierra recibo la invitación de éste a participar en una exposición sobre Francisco Franco a celebrar en Madrid en fecha sin determinar. El objetivo de la misma es denunciar los efectos punitivos que pueda ocasionar la demanda judicial interpuesta por la Fundación Francisco Franco contra el artista Eugenio Merino, autor de una obra sobre el General (la figura de Franco con traje militar, decrépito en un refrigerador de refrescos) exhibida hace un par de años en la feria de arte de Madrid, Arco. “La exposición será en un local de un barrio de Madrid, Vallecas, durará un fin de semana y los artistas serán básicamente amigos de Santiago. Se trata de un asunto totalmente voluntarista, nadie cobra, no hay fees, ni transporte, ni nada. La exposición sólo durará un fin de semana y cada artista ha aceptado participar desinteresadamente”.

Y la verdad es que agradezco, y mucho, la invitación, no tanto por el asunto y personaje a tratar y la duda sobre los fines que se pretende conseguir, sino porque Santiago Sierra me parece el artista más importante en la España de los últimos 25 años. Importante no tanto por el contenido y alcance conceptual e ideológico de su obra sino porque considero que es un gran recuperador de algo que creíamos definitivamente perdido en el arte, en las artes visuales, esto es, el Estilo.

Pero agradecer y asentir o acceder son verbos distintos, todavía.

¿Qué decir, rememorar, recordar o considerar sobre la figura de Francisco Franco? Poco y posiblemente mucho, ocurre que no es mi asunto, no es un personaje que tenga importancia en este momento para mí, lo observo, a él, a su régimen y a su (mi) España, como algo excesivamente lejano, desprovisto de significado digno de consideración y alejado en el tiempo; como algo y alguien que, a pesar de haber dañado mi más tierna pubertad, de haber modulado mi resistencia política de juventud, de haber ayudado a hacerme socialmente desobediente, políticamente antisistema e intelectualmente crítico y autocrítico, a pesar de haber deseado y deseado, días y días, su muerte… a pesar de todo le estoy agradecido. Siempre estaré agradecido a un burdo asesino, a un mediocre dictador, a un repugnante y asexuado militar golpista que gobernó los destinos de España en el largo tercio central de la pasada centuria. Y le doy las gracias hoy, de nuevo, por haberme ayudado a comprender quiénes eran sus amos y/o aliados: la oligarquía financiera y terrateniente, los estamentos militares, la Iglesia Católica, el liberalismo internacional… y, conviene no olvidarlo, al menos el 50 % de la población española de su tiempo. Gracias por tanto al felón monstruo que vivía en el piso de arriba, aquel que nos era tan cercano y a la vez tan extraño en un tiempo en el cual todo, absolutamente todo, estaba prohibido; ello nos enseñaba, a algunos, a saber qué era transgredir, a poner en práctica la trasgresión y la subversión, de estructuras y valores, como medios para construir una experiencia de vida, con otras formas de vida.

Inicié mi práctica artística y mi práctica política al unísono, en el largo, larguísimo anímicamente y corto temporalmente, franquismo crepuscular. Desde organizaciones maoístas de estudiantes y artistas tratábamos de hacer obras de arte que eran fundamentalmente acciones políticas reivindicativas: contra la condena a muerte y ejecución de Salvador Puig Antich, contra la condena a muerte y ejecución de dos militantes de ETA y tres del FRAP, por la independencia del Sahara, contra la especulación urbanística… El arte era acción, clandestina, y no quedaba rastro alguno de ello, arte y acción política (restringida) sucedían sin más, en algunos casos acarrearon expulsiones de la universidad, sanciones administrativas, retirada de pasaporte, juicios ante el Tribunal de Orden Público, cárcel, exclusión del mercado de trabajo, malos tratos y tortura. No quisiera dejar de mencionar cómo en los últimos diez años en la fatua y pequeña historiografía del arte español contemporáneo, y desde instancias y museos públicos, se está aupando a la escritura y comisariado a jóvenes “historiadores” que sin pudor alguno sostienen que la verdadera y encomiable posición y práctica política en el último franquismo era la de aquellos artistas que actuaban como si Franco no existiera, es decir, las posturas de aquellos que guardaban silencio o adulaban el franquismo; los artistas parafranquistas mudos y los historiadores gacetilleros posmodernos comparten apoyo oficial e ignorancia, lo cual no es poco.

Sobre Francisco Franco y su periodo de gobierno existe una abundantísima literatura, a destacar Franco, caudillo de España, de Paul Preston, de modo que, poco más podemos o queremos decir aquí. En todo caso, insistir en su lejanía y resaltar que su ADN está muy presente en los actuales gobernantes del Partido Popular (PP), en una parte importante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y en los huertos nacionalistas. Él murió pero sus herederos, neoliberales, social liberales e identitaristas, hoy, administran su legado social, económico y político a través de la democracia parlamentaria y con la finalidad primera y última de perpetuar una cada vez mayor desigualdad en el reparto de riqueza. Su figura no se desdibuja aunque se desvanece pero su legado se acopla bien a los nuevos tiempos. Quienes no se acoplan son los responsables de la Fundación Francisco Franco, un grupo de paranoicos y botarates franquistas que, no obstante su condición, reciben importantes ayudas y subvenciones de diferentes administraciones públicas, y a cambio mantienen cerrados a cal y canto los archivos del dictador a cualquier historiador o doctorando que no sea de su condición política. Javier Tusell, entre otros historiadores, se quejó en su día de dicha anomalía académica e institucional, lo cual no ha impedido que la macabra fundación siga siendo sufragada con dinero público, tanto por administraciones conservadoras como socialistas. Y aquí no pasa nada. La fundación es, en su imperdonable letargo simbólico, la institucionalización de la barbarie en piedra del Valle de los Caídos, un infame y desmesurado monumento en forma de cripta, iglesia, convento y cruz levantado con el esfuerzo y la tortura de miles de represaliados, humillados y esclavizados combatientes republicanos; la sola presencia de la cruz, su agresiva irrupción en la estribaciones de la Sierra de Guadarrama más todo lo que representa (allí está enterrado el dictador sobre los esqueletos de miles de combatientes por la legalidad constitucional republicana) es aún hoy motivo suficiente para, salvando las esculturas de Juan de Ávalos, proceder a su voladura controlada incorporando de forma natural los restos al mutilado paisaje. Pero no, comisiones y más comisiones interministeriales, los frailes que custodian la iglesia, la fundación, los falangistas, los nostálgicos del régimen… dejan que el Valle de los Caídos se pudra sin llegar nunca a pudrirse. Lo dicho, dinamita reparadora.

El caso es que el núcleo central de la exposición que motiva este escrito, no es otro que el siguiente. La obra de Eugenio Merino, Franco refrigerado, suscita la curiosidad de miles de visitantes a Arco, espoleados por los siempre bien derechizados y ponderados media, visitantes que móvil en mano se fotografían familiarmente con la pieza y, qué mala suerte, entre los visitantes se encuentra algún que otro miembro de la siniestra fundación que sintiéndose agraviados e insultados deciden llevar el asunto a los tribunales ordinarios de justicia presentando la preceptiva querella contra el artista, querella admitida a trámite por el juzgado correspondiente y… campaña de denuncia y solidaridad con el artista en las redes sociales. Debo decir que a partir de ahí, voluntariamente, me pierdo, el asunto me interesa más bien poco, por no decir nada. A mí, y a otros muchos, nos llevaron en su día a las mazmorras y tribunales especiales del franquismo, no por hacer comentarios más o menos acertados y chistosos en forma de obras de arte sino por combatir al dictador con todos los medios y, claro, posiblemente eso deforma. En todo caso y deseándole a Eugenio Merino que la demanda de la fundación no prospere y caso de prosperar salga absuelto del juicio, cosa que doy por segura, me permito sugerirle la certeza de que sus trabajos, como los de otros colegas, sobre Franco, poco o nada aportan al conocimiento del personaje o a la generación de pensamiento crítico en el sistema del arte en los actuales tiempos. Como dije más arriba, el personaje está muy estudiado (sólo queda por investigar su sexualidad y llegar a la cifra final de muertos en su fatal genocidio) y hacer arte sobre él no pasa de ser un divertimento para ociosos, banqueros despistados y coleccionistas new age, amén de una actitud creativa anacrónica cuando no escapista, máxime con la que, en términos sociales, políticos y económicos, está cayendo en nuestro país. Léase lo anterior con las debidas cautelas.

Por y para seguir, qué remedio, con Franco, no estaría de más hacer un recuento, aunque sea leve y basado en recuerdos, de los artistas españoles de las tres últimas décadas que han tomado al personaje como punto de partida y leitmotiv fundamental de algunos de sus trabajos; la verdad es que son pocos, insisto en que hablo de recuerdos y no de catalogación exhaustiva, con trabajos específicos y aislados en cada producción particular: Francesc Torres, Marcelo Expósito, Fernando Sánchez Castillo, el mencionado Eugenio Merino y más recientemente Santiago Sierra con Jorge Galindo, por omisión, con su proyecto ”Los encargados”. Seguramente hay más pero soy incapaz de recordarlos. Me excluyo de la nómina pues si Franco ha estado en algunos de mis trabajos lo ha hecho de forma y manera subyacente, secundaria y subsidiaria informando proyectos más generalistas y complejos. . La última vez que apareció en mis trabajos fue en 1989, en una disparatada vídeo instalación (Má vlast, que recogía su título de la célebre obra de Bedřich Smetana), sobre la imagen en movimiento como medio de drogadicción y medicación, en la cual se trataba de establecer puentes entre Franco y Ludwig Wittgenstein; era una despedida. A destacar, por su rigor histórico, conceptual, político e ideológico los trabajos de Marcelo Expósito. Y poco más; en general las obras de arte sobre nuestro personaje no desentonan en el marco general del arte político, si de ello pudiera hablarse, producido por artistas españoles, un arte meridianamente light, descafeinado y neutro que ha aportado y sigue aportando comentarios aparentemente ilustrados y bienintencionados a la huidiza cultura creativa salida de la mal llamada Transición. En esto el arte no está solo, las producciones literarias y cinematográficas sobre Franco son mayoritariamente lamentables y lo mejor sería pasar página. Todo ello en abierta contradicción con la producción historiográfica que es, cuando menos, excelente en términos cualitativos y cuantitativos: el personaje, su obra, su gobierno, su contexto temporal y cultural, está magníficamente estudiado y documentado desde diferentes facultades y departamentos de las universidades españolas por las tres últimas generaciones de historiadores, herederos de los historiadores ingleses y norteamericanos que se habían ocupado del personaje en los años más duros de la dictadura.

Volvamos al proyecto de exposición. Se me comunica, vía email, que será en “en un espacio de Vallecas” y esto si que tiene su punto, su gracia, su contenido, su carga simbólica. Vallecas es por excelencia, junto al eje de Bravo Murillo desde la Glorieta de Cuatro Caminos hasta la Plaza de Castilla, la respuesta urbanística y de asentamiento poblacional a la formación de la Clase Obrera en el Madrid industrial del último tercio del siglo XIX; durante buena parte del siglo XX, su desarrollo urbano en torno a la Avenida de la Albufera, desde el antiguo Arrollo del Abroñigal (hoy autovía M-30) hasta el antiguo pueblo de Vallecas (Vallecas Villa) respondía a las necesidades de lugareños e inmigrantes que, en masa, constituyeron lo que podemos denominar el Proletariado madrileño. Vallecas no sólo fue una barriada de trabajadores constituida por viviendas de bajísima calidad y chabolismo endémico, fue también y sobre todo un enclave reivindicativo, combativo y de izquierdas en la vanguardia sociopolítica de la capital del Estado. Ser de o vivir en Vallecas tenía su pedigrí, para bien y para mal. A mediados de los pasados años setenta cualquier estudiante izquierdista que soñaba con proletarizarse (trabajar en cualquier cosa, vamos) buscaba piso a compartir en Vallecas. Vallecas era para los estudiantes rojos lo que la Isla de Formentera a los que se habían pasado al hipismo, un destino ineludible. A la vez los vallecanos de toda la vida estaban y están deseando salir del barrio hacia otros horizontes. Hoy, con la Clase Obrera desaparecida, invisibilizada, deslocalizada, desestructurada, Vallecas es el destino de magrebíes, latinoamericanos y ciudadanos del Este europeo que constituyen un conglomerado de mano de obra barata y precaria producto del boom económico de las etapas Aznar/Zapatero. Durante dicho boom y bajo la égida del perverso Alberto Ruiz Gallardón, se planificó y construyo una gran parte del llamado Ensanche de Vallecas, un megaproyecto urbanístico de alta calidad de diseño y construcción que sin embargo ha sido un absoluto fracaso, un fracaso de las políticas del ”crecimiento sin fin” tan acordes al neoliberalismo. Cual metáfora de dicho fracaso, Hans Haacke al trabajar sobre dicha operación con su proyecto Castillos en el aire, una producción del MNCARS, construyó una obra que posiblemente sea el mayor fracaso de su producción artística. Vallecas, su pasado y su futuro, genera infradiscurso político, contradicciones por doquier y dificultades tanto a los suyos como a los ajenos; en Vallecas todo está permitido pero todo está en una exclusión permanente, es cóncava y convexa a un mismo tiempo, acoge y expulsa espacial y socialmente. En Vallecas, en sus estigmas, puede leerse, contando con los enormes y acertados cambios urbanísticos desarrollados entre los años setenta y noventa del pasado siglo, el tortuoso tránsito hacia la nada de aquella clase social, el Proletariado, llamada a liderar la liberación de la humanidad.

Venga todo ello a constituir una llamada de atención sobre los sesgos negativos que una convocatoria, por otra parte poco clara, puede tener en los objetivos finales, también poco claros. Cuando yo empecé también nos dimos nuestro baño popular y obrerista llevando exposiciones y conferencias de los artistas del momento al Ateneo Popular de Vallecas y a la red de ateneos que impulsaba y dirigía de manera absolutamente abierta el Partido Comunista de España, con resultados casi siempre insatisfactorios para nosotros; nos movían razones estrictamente políticas, el arte era sólo un medio, y sentimos en nuestra propia carne aquello que Marx nos advertía en su Contribución a la crítica de la economía política: “La obra de arte –y paralelamente cualquier otro producto- crea un público sensible al arte y capaz de gozar de la belleza. La producción no produce, pues, sólo un objeto para el sujeto, sino también un sujeto para el objeto”, y aquellos sujetos, no sujetos políticos, sino sujetos de carne y hueso que se sentían fascinados con nuestra bajada al barrio con objetos culturales, nos eran más extraños que cercanos: ideología, militancia y realidad crujían antes de constituirse en dispositivo transformador de energías políticas. Resumiendo, en Vallecas todo era y sigue siendo centrípetamente expansivo.

De ahí que Vallecas no sea precisamente el lugar idóneo para presentar miniproyectos expositivos que, a buen seguro como en el caso que nos ocupa, serán de puro trámite para quedar bien con los tiempos presentes, y si es en un centro okupa pues mejor que mejor. Mi recomendación, caso de habérseme pedido opinión al respecto, a Santiago Sierra y a quienes le acompañan en esta miniconvocatoria sería que la hicieran en forma de acción política a las puertas de la Fundación Francisco Franco o en el propio Valle de los Caídos, lugares, sin duda, mucho más cargados de contenido netamente franquista que Vallecas, un barrio al que nunca osó acercarse Franco. Lugares ambos donde se mantiene moribunda la llama del mechero de un fascismo, el español, que nunca llegó a ser nada al margen de la ominosa dictadura paternocatólica y militarista que encabezó el exiguo general. Ocurre que desarrollar una acción tan política, artística o reivindicativa como se quiera en los referidos lugares (de la cual los media darían cumplida cuenta) entraña riesgos, tampoco tan grandes, y, claro está… riesgos los justitos, es decir, ninguno. No tengo el placer ni he tenido ocasión de conocer a Eugenio Merino. Sí conozco una parte de su trabajo, juegos irónicos que me resultan familiares, y en los cuales Damian Hirst y Francisco Franco juegan el mismo rol y en el mismo plano considerativo de cara al producto final, obras que operan fundamentalmente en el ruido mediático y con un recorrido analítico o crítico prácticamente nulo –hasta un historiador cuesta abajo como Julian Stallabrass se ha hecho eco de alguna de sus obras referidas al insigne Hirst, cuya factoría cuenta con mi más absoluta admiración. Y la verdad es que a Merino los de la Fundación Francisco Franco, con la demanda judicial, se lo han puesto como a Fernando VII las bolas de billar, o sea a cholón. Con un pelín de respuesta, máxime acompañado de colegas, ante las sedes de la fundación o en el propio Valle de los Caídos, la cosa puede ir a más y subir el listón de enfrentamiento artistas contra franquistas y viceversa, un partido que a buen seguro ganarían los últimos dada la debilidad de los artistas pero que, puestos a pensar bien, ocasionaría beneficios inapagables a los participantes y por ende al adormecido sector del arte en la España del nuevo milenio. Me pregunto cuán mayor regalo puede haber para un artista de los que se proclaman antifascistas ¿en qué consiste eso? que ser atacado por los fascistas. Supongamos que tratar con ironía sobre la imagen y figura de Franco me ocasiona denuncias, demandas, sanciones administrativas o, en el mejor de los casos y mediante sentencia judicial firme, me meten en la cárcel de la democracia; sería la de Dios y tampoco es tan difícil pensarlo, proyectarlo y realizarlo, eso sí, conviene insistir, comporta riesgos pero el riesgo, como hemos dicho, tiene su compensación: el artista deificado.

Se me ocurren dos acciones concretas que los convocantes podrían llevar a cabo. La primera de ellas podría ser a las puertas de la fundación, exhibiendo las obras de los artistas en torno a la figura de Franco y posiblemente con el acompañamiento de luz y sonido de un cóctel molotov. La acción podría fotografiarse, hacerse un vídeo y ponerlos en el circuito comercial a través de las correspondientes galerías. Aquí el riesgo es que puedas acabar, después de un par de años de proceso judicial, en la cárcel pero con un rendimiento mediático y comercial, si la galería de turno se lo trabaja bien, considerable. Fijo que uno de los mejores despachos de abogados en España, Uría y Menéndez Abogados, alguno de cuyos altamente cualificados juristas tienen obra de algunos de los artistas convocantes, estarían encantados de asumir la defensa del artista encausado. Con una buena defensa y sin antecedentes penales, a lo sumo unos meses de prisión: qué inmenso placer militante, incluso se le podría quitar el cetro sufriente a Ai Weiwei. Los museos y centros de arte contemporáneos no estarían por la labor de dar cancha a la acción pero tomarían nota, alguno incluso podría organizar un seminario, dentro del epígrafe “Pensamiento y debate” sobre los límites en la relación arte/política, por supuesto, con teóricos de andar por casa y absolutamente al margen de los artistas antifascistas e incendiarios. La otra acción podría tener lugar en el Valle de los Caídos, lugar sacrosanto de los nostálgicos del franquismo. La exposición y/o acción podría comenzar en el atrio de la iglesia, a los pies de la piedad de Juan de Ávalos, con la presentación pública de las obras antifranquistas y, en un acto de generosidad política, dar la palabra a un anarquista o un representante de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). A continuación los artistas convocados y resto de asistentes procederían a hacer lo que todo antifranquista de pro ha deseado y nunca ha cumplimentado, esto es, orinar sobre la tumba del dictador. No hace falta detallar que esta acción podría ser fotografiada y filmada por Santiago Sierra y sus asistentes. Los riesgos son mínimos, que algún franquista o falangista te parta la cabeza (si hay alguna cadena de televisión, mejor) lo cual daría ocasión a interponer la preceptiva demanda judicial por intento de asesinato o que tengas que acudir a los Juzgados de la Plaza de Castilla a declarar y asumir la correspondiente sanción que siempre sería menor. Obviamente la discusión artística, no digamos política, quedaría al margen, la cosa no va de eso. Si por casualidad algún avezado periodista de investigación descubre que uno de los artistas participantes, estando hace años con sus padres veraneando en San Sebastian se hizo una foto con un antiguo colega de la Facultad de Bellas Artes de Madrid que participaba en una manifestación de apoyo a los presos de ETA, la acción sería inmediatamente tildada en todos los media, de terrorista, dándole un estatus propagandístico espectacular, porque, en definitiva, de eso se trata, de estar en la institución y en los media, el resto es como coser y cantar.

Bien, bromas aparte. Cuando se habla o hablo del pasado, algo siempre sujeto a las más variadas especulaciones en cuanto a datos, tiempos, personas, grupos y acontecimientos, conviene no pasar por alto el contexto presente, contexto radicalmente distinto al que configuró a Franco y su obra en sus orígenes, desarrollo y final. La España del tercio central del siglo XX muy poco tiene en común con la actual, su estructura económica y social, su arquitectura institucional, su fachada cultural y su hábitat geoestratégico son parámetros comparativamente dispares cuya medida puede inducir a errores de bulto. Por más que nos pese, elucubrar sobre un pasado bien conocido y documentado, sin unas labores de investigación serias que avalen proyectos minimamente rigurosos, nos puede hacer olvidar un presente tan variable y problemático como puede ser el nuestro; un presente que, en cualquier orden conceptual y material, viene infradeterminado y estructurado por gobiernos, hegemonías, poderes y contrapoderes cuya definición y valoración crítica es cualquier cosa menos fácil, de ahí la dificultad a la hora de construir Verdad, en el arte y en la política. Un tiempo histórico en el cual la economía sobredetermina la realidad y todos los imaginarios, el ciclo posguerrafría pasó, la crisis global del estallido de la burbuja en 2008 se ha consolidado y nos encontramos ante una nueva fase de expansión del capitalismo de alcance desconocido que, por no tener, no tiene ni nombre que nos haga posible nombrarlo. Podemos saber, eso sí, y a través de los economistas más críticos y heterodoxos, que al ciclo inversión/ahorro le sucedió el ciclo crédito/consumo, precedente de previsibles colapsos, cuando no quiebras, de países enteros. En las actuales circunstancias, en las nuestras, con la economía en recesión (sólo crecen las exportaciones basadas a su vez en los abusivos recortes salariales, lo cual evita la depresión), con un aumento de la pobreza del 8% entre 2008 y 2011, con el 25% de la población infantil en el umbral de pobreza, con los índices de paro en aumento galopante, con el brutal aumento de desigualdades sociales, con el adelgazamiento de los servicios públicos, con la privatización y adelgazamiento de la sanidad, con la financiación pública de las entidades financieras, con un 15M vivo que, cual antibiótico político, está tratando de combatir las maldades de un sistema infecto … Francisco Franco y su régimen son casi una anécdota, todo lo trágica que se quiera, pero anécdota pasada; hoy las capas de la historia reciente son losas infinitamente más pesadas que la que cubre su tumba. Especular, jugar e idear, en términos artísticos, hoy, sobre Franco, puede constituir, y de facto constituye, una frivolidad cuando no una práctica, pensemos que incluso con las mejores intenciones, encaminada a la fabricación de mercancías simplistas y baratas para el mercadeo descentrado del sistema del arte y su precario software. Alguien dijo que la guerra era la política con otros medios, o al revés, la política es la guerra con otros medios, y sin duda le asistía la razón. Franco comenzó su carrera matando y acabó sus días fusilando; fue cruel, incapaz de perdonar o tener gestos minimamente humanos con sus enemigos pero mataba de una vez y no engañaba a nadie. Aquello pasó; hoy los asesinos, los crueles, los genocidas, los que cimientan sus no guerras en las ideas del neoliberalismo, matan lentamente, sin parar, escondiéndose en la nube del capitalismo financiero, en las acristaladas y neutras torres de las multinacionales crediticias, en las salas plenarias de los parlamentos del capital. Matan más y mejor, con armas, con hambre, con torturas, con epidemias, con freno a la investigación farmacéutica, con la desregulación de los mercados financieros… y lo hacen desde el anonimato, sin poner caras ni nombres ¿Acaso algún día podremos saber cuántos niños, cuántos ancianos, cuántos enfermos crónicos están muriendo en España como consecuencia de los enormes recortes que se están produciendo en sanidad y dependencia?

Como cualquier artista, y más en época de vacas flacas y recesión, tengo muchas ganas de exhibir mis trabajos, individuales y de grupo, pasados y presentes, pero por coherencia con la suma de cuestiones de contexto, tiempo y circunstancia, no voy a enviar material alguno a la exposición de referencia. Y lo hago con el correspondiente dolor, nimio por otra parte, que la cercanía emocional y la distancia conceptual, han guiado siempre mi práctica. Quede claro no obstante mi agradecimiento a Santiago Sierra, por ser como es, por su trabajo, por haber pensado en mí, lo cual hago extensivo a los artistas que lo acompañan.

Pienso y sostengo que tratar de trabajar, desde el arte, sobre las cuestiones políticas del inseguro tiempo presente sí que puede resituar las, por otra parte escasas, posibilidades de un arte sobre lo político. A nadie debería extrañarle nuestro dudoso escepticismo sobre las consecuencias y resultados concretos, políticos, de las prácticas artísticas que se acogen a dicho manto y a dicho mantra. La proliferación en ferias, bienales, museos, centros de arte y universidades de prácticas artísticas abiertamente “políticas” se ha consolidado como un todo recurrente con resultados políticos tendentes a cero, como un “género” que se alimenta de actualidad sociológica reciclándola y produciendo obras, infradiscursos y actividades que, finalmente, ayudan a mantener en pie todo el entramado sistémico e institucional que, en la mayoría de los casos, se pretendía críticamente cuestionar. La política, su puesta en discusión desde la cultura creativa, se convierte en una suerte de juego y fiesta que se oficia en lugares específicamente institucionalizados, con más intención de mostrar que de ser, con puntos de partida y llegada perfectamente previsibles y con protocolos reglados. Exposiciones, encuentros, concursos, publicaciones, premios, open calls, programas educativos, másteres, doctorados, redes colaborativas y un largo etcétera dan cuenta de la cota de presencia que el arte político ha adquirido en el sistema del arte internacional. No es el objeto de este escrito hacer un análisis exhaustivo de qué entiende cualquier iniciado por arte político y el estatus que ha ido adquiriendo en el mundo del arte; sin embargo no parece estar de más hacer algunos apuntes que puedan aclarar la posición, necesariamente cuestionadora, de quien esto suscribe al respecto del asunto central, una exposición sobre Franco. Independientemente de que el asunto sea tratado con mayor intensidad y extensión en posteriores trabajos, no quisiera dejar de comentar un par de acontecimientos que creo pueden ser reveladores de las fallas y limitaciones de lo que antes habíamos denominado género en su sentido histórico y artístico.

El primero de ellos, perfectamente marginal respecto a los centros y circuitos más fuertes del arte contemporáneo, se refiere a la exposición “Occupy Bay Area” celebrada en el Yerba Buena Center for the Arts, en San Francisco, entre junio y octubre del pasado 2012. La exposición trataba de dar cuenta de las acciones, eventos y actividades que habían tenido lugar en Oakland, Berkeley y San Francisco por parte del movimiento Occupy en 2011, a través de las obras de artistas, estudiantes y activistas de la zona. Antes de que pasara un año de dichas acciones, posteriores a los Occupy Wall Street, su referencia primigenia, en septiembre de 2011, acciones por otra parte de muy pequeña escala e intensidad, dicha protesta se artistizaba, se musealizaba y, de algún modo, se institucionalizaba. Por increíble que pueda parecer, los comisarios del evento hacían referencia a Occupy Wall Street como el comienzo de un gran movimiento de alcance mundial, con la correspondiente cháchara argumental (inestabilidad social y económica, la crisis de las hipotecas de alto riesgo financiero, incapacidad de los gobiernos del capitalismo democrático para abordar con eficacia los problemas en el mercado laboral, poder y contrapoder, acampadas, vida colectiva, la democracia directa de la Asamblea General y la negativa a redactar un manifiesto, libertad de expresión, reconocimiento de los derechos de diferentes grupos culturales y de los económicamente marginados, medio ambiente…) sin referencia alguna al origen de dichos movimientos, esto es, a las revueltas y ocupaciones en los países árabes, al movimiento de los Indignados y el 15-M, surgidos en la primavera de 2011, largamente gestados y con una potencialidad y alcance político a años luz de los norteamericanos y los surgidos puntualmente en algunos países de Europa del norte. Un etnocentrismo californiano que, a pesar de sus muchas limitaciones, tenía la virtud un tanto desmedida de conectar el débil movimiento occupy californiano con anteriores movimientos de protesta y resistencia que trataba de proporcionar un contexto histórico al proyecto (Black Panthers, I-Hotel en Manilatown (1968-1977), el ARC / AIDS en City Hall (1985-1995), la ocupación de Alcatraz (1969 a 1971), el Movimiento pro libertad de expresión en la Universidad de Berkeley (1964-1965) o las protestas en San Francisco State University). En todo caso la premura de la institución museística en incorporar la protesta de los nuevos movimientos, amén de su localismo y el olvido del origen geográfico y político de las ocupaciones de espacios públicos, nos inclinan a pensar en las limitaciones de toda índole que enmarcan un proyecto de arte político que, desactivado por su propia dinámica interna y su corto alcance, se entrega al museo como lugar idóneo para representar su autodesactivación. El museo, en sintonía con los nuevos tiempos artísticos y no políticos, no tendrá que activar o desactivar nada, simplemente guardará y custodiará toda la memoria posible en todos los formatos posibles de un no acontecimiento político vehiculado a través de propuestas artísticas que en caso alguno han sido puestas, dispuestas o sometidas a crítica; guardar, custodiar y archivar conforman una suma cuyo resultado es certificar en términos forenses.

El segundo caso sobre el cual me gustaría extender un comentario (insisto en que estas líneas se entiendan en términos de interrogantes y sometidas a criterios de discusión; aunque puedan estar redactadas en afirmaciones, negaciones y puntos de posicionamiento rotundos, parten de un mar de dudas para las cuales no tengo en estos momentos respuestas claras que estén avaladas por conocimientos empíricos solventes y cerrados) también tiene lugar en Estados Unidos, en Nueva York, de costa Oeste a costa Este. Se trata de la obra de Thomas Hirschhorn Gramsci Monument, la cuarta y última entrega (los anteriores fueron Spinoza Monument, Ámsterdam 1999, Deleuze Monument, Avignon 2000 y Bataille Monument, Kassel, documenta 11, 2002). La obra en curso, con todos los ingredientes formales de aglomeración, acumulación y repetición marca de la casa, está ubicada en un parque de una urbanización cercana al Bronx neoyorquino, financiada por la Dia Art Foundation y consiste en un pabellón efímero, un escenario teatral, una biblioteca con libros de Gramsci, un lounge, rincón wifi, taller de actividades y kiosco con comida y bebidas. Habrá programas públicos con conferencias de especialistas en Gramsci, lecturas de poesía, talleres, excursiones y seminarios. Aquí nos encontramos en uno de los centros más importantes del arte de los últimos treinta años, en el epicentro del poder mercantil y discursivo del mismo y, no es baladí, en el centro simbólico del Imperio. Hay tres cuestiones o dudas que surgen en torno al mismo. La primera, de orden topológico, es a quién le puede interesar en un barrio de Nueva York la figura y el significado histórico de Antonio Gramsci, alguien en donde la confluencia de inteligencia crítica, compromiso militante e innovación política devienen en tragedia personal y metáfora de un tiempo convulso; y volvemos a algo ya señalado, ¿qué se aporta al conocimiento del por otra parte complejísimo universo intelectual gramsciano?. La segunda duda es de orden ideológico y se refiere a cómo se representa el sistema de valores tanto del autor de la propuesta como del propio personaje, histórico, y sus respectivas visiones sobre la realidad ¿Qué realidad? ¿Y qué actividades tuvo el sujeto al cual se rinde precario monumento, qué acciones, políticas, pone en juego el artista para subvertir aquella y esta realidad?. Posiblemente le estamos pidiendo demasiado al arte. Por último, y saltándonos (Alain Badiou dixit) la máxima de que a la hora de pensar y construir una obra de arte el Público al que pudiera ir dirigida no debe ser referencia alguna, podemos preguntarnos cuál es ese público receptor, público siempre minoritario y al otro lado de la orilla de la institución que encarga y financia el monumento; habitantes del Bronx y petroleros tejanos intersectados por la teoría y praxis de un comunista trágico coinciden en un mapa tan minúsculo como inoperante. De otra parte someramente señalar que Spinoza, Foucault, Deleuze, Guattari, Debord… forman un rosario nominativo e ideológico que bajo el canto repetitivo del negrismo (imperio, multitud, procomún, declaración…) informan y conforman el totum rebolutum que da base inmaterial y discursiva a la retórica expositiva, museística y mercantil del arte político postrrelacional.

Thomas Hirchhorn es un artista especialmente emblemático en todo lo referente al “arte político”, su tiempo, sus medios y su recepción institucional. Quizás en él se den como en ningún otro artista las duras contradicciones que lastran sine die las llamadas “Estéticas relacionales”, estéticas que cuentan con tantos enemigos críticos como entusiastas entidades del mercado y el coleccionismo. Sirva de ejemplo su megalómana y contaminante obra sobre la violencia en el pabellón de Suiza de la Bienal de Venecia de 2011; a espaldas de dicho pabellón en La Riva degli Schiavoni, el megamillonario, empresario, coleccionista y mafioso ruso Roman Abramovich amarró su yate, yate protegido por la autoridad municipal veneciana, restringiendo la circulación en el ancho de la vía pública en un violento ejercicio de usurpación del espacio público. Obviamente nadie dijo nada y los visitantes de la bienal, callados y molestos, transitaban con dificultad por los escasos metro y medio de la empedrada vía mientras Abramovich de disponía a compartir estrellato en la glamorosa fiesta de la Francois Pinault Foundation en la Punta della Dogana. No se les pide desde aquí al arte actual o a los artistas posiciones de cuestionamiento como las que se produjeron en la propia Venecia, en el paso de los años sesenta a los setenta, que paralizaron y suspendieron la propia bienal dando paso a un nuevo ciclo –eran de nuevo otros tiempos pero el notable conservadurismo y evidente quietud del bienalismo y sus protagonistas son buena muestra de los límites programáticos, proyectuales y de significado y eficacia política del arte político tal y como se piensa, se produce, se distribuye y se recepciona en la actualidad.

Un compañero de Brumaria, Alejandro Arozamena, al hilo de las cuestiones brevemente esbozadas en los párrafos anteriores y que ocupan una parte de nuestras reflexiones, resumía nuestros comentarios al respecto: El tema es que con el supuesto arte político de hoy pasa precisamente eso: en vez de organizar el vacío lo que se hace es evitarlo haciendo como si (o sea un semblante) estuviera lleno. Como si el lugar de la política fuera el Museo. Cuando, por otro lado el Museo, ni siquiera tiene por qué ser el lugar del arte. Estas y otras cuestiones conformarán el punto de partida de un proyecto abierto “El arte no es la política / la política no es el arte: despertar de la historia” que hace tiempo venimos pensando.


Darío Corbeira

dario@brumaria.net


Madrid, 11 de mayo de 2013.

17 de mayo de 2013

Festival RADIÓPOLIS IN THE PARK 0.3, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla

El próximo sábado, día 15 de Junio, Radiópolis FM celebrará su tercer festival de música en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Este festival se organiza con el fin de recaudar fondos que le permita continuar emitiendo sus programas, centrados en la cultura y la sociedad sevillana. Esta fiesta-festival dará comienzo a las 8 hs de la tarde y continuará hasta las 3 hs de la madrugada del día siguiente. En esta tercera edición, al igual que en las dos anteriores, contará con la colaboración de grupos y solistas del ámbito musical sevillano–una manera de apoyar a los músicos de nuestra ciudad, al igual que hacen muchos de nuestros programas musicales.

Radiópolis FM, es una entidad no lucrativa. Todas las personas que hacen la emisora trabajan de forma voluntaria. Su programación da cuenta de la vida social y cultural de la ciudad desde la participación de la misma ciudadanía. Plantea nuevas formas de comunicación, nuevos lenguajes, nuevas voces y nuevos sonidos, asegurando la presencia pública de la pluralidad de voces que componen Sevilla. En este momento se emiten programas que van desde la poesía, la música, la salud, el arte contemporáneo o la historia local hasta los problemas barriales y el mundo asociativo ciudadano. La emisora da cabida a programas culturales que las radios comerciales no incluyen en sus programaciones y da voz a los diferentes colectivos sociales de la ciudad.

Radiopolis, Sevilla.
98'4 FM,

Grupos participantes:

ANGELITOS MUTANTES
CONMUTADORES
LOS PECHUGUITAS
MÜNCHAUSEN
NATALIA BELLIDO
NEA
PONY BRAVO DJ SET
YONKO ONO DJ




16 de mayo de 2013

Este domingo vente a la huerta del Rey Moro con Diagonal

Diagonal te lleva al Huerto 
 
Domingo 19 de mayo

Horario:
12h: Presentación del evento
12:15: Taller sobre economía solidaria
12:15: CuentaCuentos para peques
14:00: Comida amenizada por el Coro de Mujeres del Pumarejo
16:00: Taller "Fotografía de guerrilla"
17:00: Mesa redonda "Contrainformación". Participan: ContraFoto21, Diagonal, ElDiario.es, Noton, Radiopolis y SevillaReport
17:00: Taller de Pan para peques.
19:00: DiagoFiesta en acústico. 

Todas las actividades se realizarán en el Huerto del Rey Moro, en la c/Enladrillada 40, Sevilla.
 
 
 

7 de mayo de 2013

Las principales redes de monedas locales a nivel estatal se reúnen en Sevilla


El Encuentro de Monedas Locales 2013 se celebra del 10 al 12 de mayo en el Centro Vecinal El Pumarejo y el IES Velázquez

La Red de Moneda Social El Puma es la encargada este año de la organización del II Encuentro de Monedas Locales a nivel estatal que se celebra en España. El primero tuvo lugar el año pasado en Vilanova i la Geltrú, en Barcelona. Este encuentro persigue aclarar qué son las monedas locales, sociales, alternativas o complementarias, ahondar en su historia y su evolución, generar sinergias entre las distantes redes de monedas locales existentes, reflexionar en torno a las distintas formas de desobediencia económica y, sobre todo, ser catalizador de nuevas monedas de estas características. 

El encuentro girará en torno a tres cuestiones fundamentales: cuáles son los distintos modelos de monedas locales existentes y cómo se pueden organizar y gestionar, cómo se puede crear una economía alternativa basada en el consumo de proximidad, responsable con el entorno y centrada en los cuidados y el empoderamiento ciudadano y aclarar dudas respecto a temas jurídicos y fiscales; estudiando la legalidad de los distintos sistemas y los problemas de convertibilidad que puedan surgir. 

Algunos de sus participantes son los principales impulsores de distintas alternativas económicas tanto a nivel estatal como internacional. Entre ellos, Julio Gisbert, experto en monedas locales y autor del blog vivirsinempleo.org, Jorge Timón del Frecoin o miembros de la red de la Bristol Pound, una de las monedas sociales de esta ciudad inglesa. 

Más de la mitad de las monedas locales son andaluzas 

Las principales monedas sociales andaluzas también estarán en el encuentro. Entre ellas, la jara (de la comarca sevillana del Aljarafe), la pita (de la comarca almeriense del Bajo Andarax), Málaga Común, o la pionera: el zoquito de Jerez de la Frontera. Es difícil calcular con exactitud el número de monedas locales existentes en la actualidad, ya que son iniciativas ciudadanas que proliferan de forma espontánea por los distintos pueblos y barrios de las ciudades, pero se calcula que más de la mitad de ellas son andaluzas. 

Las redes de monedas locales pretenden recuperar la economía de las personas, una verdadera economía social en donde las transacciones económicas no se basen en el sistema actual centrado en la economía especulativa y financiera. Apoyando al consumo local, responsable, ecológico, muy ligado a las teorías del decrecimiento y que revierta en las personas y los territorios en donde se desarrolla. 


Contacto e información: monedas.locales.sevilla2013@gmail.com 


- Moneda social El Puma: http://monedasocialpuma.wordpress.com/ 

- Mapa de bancos del tiempo y monedas sociales estatales: http://p2pfoundation.net/Mapa_de_Bancos_de_Tiempo_y_Monedas_Sociales_en_España/es



7 de abril de 2013

La revolución de la metamorfosis

Marina Agraz Gómez (@marinaagraz) · Colaboración para NOTON*** 


En la norma de consumo, ahí está la clave. Gramsci lo sabía, por eso entendió que fue con el taylorismo y el fordismo cuando se produjo la Revolución Americana. A principios del siglo pasado la producción en serie de bienes que se comerciaban como mercancía, empezando ya la confusión entre valor de uso y valor de cambio, hizo necesaria una norma de consumo que permitiese que la sociedad absorbiese los productos que se fabricaban. Nace el consumo masivo y con él, la sociedad de masas. El individuo de esta sociedad es el que ha estado viviendo por encima de sus posibilidades, el que ha despilfarrado recursos naturales, el que ajeno a de dónde viniesen los productos que compraba, los alimentos que comía y la ropa que vestía hoy se topa, ingenuo, con una realidad en crisis.

Incapaces de saber cómo actuar, impotentes ante tanto cambio inesperado y con consecuencias tan desoladoras como los desahucios o el desempleo, actuamos de forma incoherente a lo que pensamos. Salimos a la calle gritando “vuestra crisis no la pagamos” y sin embargo seguimos entregándoles nuestro dinero a las grandes corporaciones que hay detrás de los supermercados a los que vamos a comprar cada día, por ejemplo. Votamos cada cuatro años, pero también deberíamos saber qué estamos haciendo con nuestro dinero. Y sin embargo, ¿qué hacer?

Si para Fukuyama la capacidad creadora de la evolución humana se ha agotado con la democracia representativa y la economía liberal, para Edgar Morin debemos repensarlo todo y de hecho todo ha empezado ya, afirma, pero sin que lo advirtamos. Una efervescencia creativa de iniciativas locales que avanzan hacia la regeneración económica, política, social educativa, cognitiva… Una metamorfosis está comenzando. Igual que la oruga que se encierra en la crisálida y al abrirse se ha transformado en una mariposa, en Sevilla son muchas las iniciativas que ya funcionan en la línea de la auto-eco-organización. La mariposa, aunque es el mismo ser que la oruga, se ha convertido en otro. No hablamos aquí de grandes revoluciones, ni de asaltar palacios de invierno. Hablo de algo mucho más radical: crear comunidad.

Desde el Casco Antiguo de Sevilla, donde la moneda social El Puma, el Mercapuma y el mercado de trueque La Plaza ya están funcionando, pasando por la Calle Enladrillada, donde de pronto nos encontramos con el Huerto del Rey Moro, un espacio vecinal donde poner en práctica la permacultura y la agricultura ecológica; o la Alameda de Hércules, donde podemos comprar con pumas en la Red Verde, sin olvidar el Aljarafe donde funciona la moneda social La Jara y Alcalá de Guadaíra, donde encontramos otra moneda, La Pepa. Espacios creativos para tejer redes desde las que crear vínculos.

Vías múltiples que desarrollándose conjuntamente podrán promover el desarrollo local dentro de lo global: alimentación de proximidad, comercios de barrio, huertas, recuperación de espacios y de autonomía que nos acerque a la metamorfosis. La historia humana ha avanzado y lo sigue haciendo. Todo empieza siempre con una iniciativa, dice Morin, un nuevo mensaje inconformista y marginal, que muchas veces sus contemporáneos no perciben.

***Marina Agraz es periodista y coportavoz de EQUO Sevilla · Este texto fue publicado en la Revista NOTON nº7 (Otoño 2012).

6 de abril de 2013

Nuevos caminos para una Economía Humana

Hernán Narbona Véliz (@hnarbona) · Colaboración para NOTON*** 

Al inicio de los 70 se aplicaron las recomendaciones del Club de Roma sobre los límites del crecimiento. Las multinacionales europeas encabezaron la ostpolitik, rompieron la cortina de hierro y establecieron corrientes de comercio con Unión Soviética y Europa del Este. Esto marcó el inicio del poder corporativo supranacional. La tendencia fue creciente y el Estado fue perdiendo su soberanía tradicional a medida que las potencias aplicaban la extraterritorialidad a sus leyes para proteger sus inversiones en ultramar.

El nuevo orden mundial de instauró mediante la creación de la OMC en 1984. Hoy el poder corporativo es superlativo, pero sorprendentemente, pese a la debilidad a que han llevado a los Estados, ha aparecido, como contrapeso del poder corporativo de las multinacionales, la movilización social planetaria de las redes sociales. Son multitudes de personas que, como común denominador, se han alejado de la política y del dogmatismo que ha aplicado el neoliberalismo. Son nuevas generaciones que sin renegar del capitalismo reclaman reformas sustantivas del sistema, las cuales apuntan a lograr mayor transparencia, poner límites a la concentración de la riqueza, descentralizar los procesos políticos y cortar la dictadura del sistema financiero sobre los Estados.

Las multinacionales, organizaciones no gubernamentales con fines de negocios, han logrado articular un orden mundial que está por encima de Estado Nación y de los procesos de integración que los Estados han construido para participar mejor de la globalización. Estos conglomerados corporativos influyen en el sistema global para reducir las capacidades fiscalizadoras de los Estados.

Paralelamente, los Mercados de Capitales conforman un suprasistema que organiza los flujos de capitales a través de las Bolsas, las cuales tienen una dinámica propia en la que participan la banca, los fondos de pensiones, fondos mutuos, fondos de capital de riesgo, corredores, especuladores, inversionistas, los propios Estados colocando o adquiriendo bonos soberanos.

Las transacciones que se dan en las Bolsas son incontrolables para el sistema público intergubernamental y allí, en la cúspide de las catedrales del dinero, un puñado de operadores sella los destinos de la economía real y de la vida de la gente de carne y hueso. Además, en las transacciones electrónicas mundiales nadie cuestiona el origen del dinero y en ese juego se mezclan los intereses que provienen de fuentes oscuras, producto de ilícitos de distinto tipo. La Unión Europea, todo un paradigma como proceso de integración, ha quedado jaqueada por la globalización. El déficit fiscal de Grecia, España, Italia, Holanda, Bélgica han hecho caer el valor de la deuda europea en los mercados. El euro reflejando la situación de la economía se devalúa. Las medidas restrictivas y el incumplimiento de los convenios pactados con los funcionarios del Estado han llevado a la pobreza a millones de pensionados. El Estado de Bienestar ha terminado.

¿Pero, es el capitalismo neoliberal la única opción?
Es el momento de rescatar como alternativa una economía a escala humana, respetuosa del medio ambiente, que fomente la asociatividad para generar desarrollo productivo local; democratizar el crédito, canalizar los fondos de pensiones hacia los sectores medios, a incubadoras de empresas controladas por las propias cámaras sectoriales, con miles de empresas integradas en consorcios que puedan generar una oferta de bienes y servicios de carácter nacional o regional, generando una economía autosustentable.

Se trata de incentivar un nuevo estilo cultural de relaciones económicas en donde los consumidores y los proveedores puedan conformar clubes cooperados para lograr un comercio libre de bienes y servicios, que rompa la colusión oligopólica que han construido los gigantes del retail mundial para abusar de la ciudadanía.

El comercio justo, los sistemas de comercio compensado, el cooperativismo y el empoderamiento de los consumidores son elementos de un nuevo escenario de recuperación sana de la economía. Incentivar el retorno de las fábricas desde Asia al territorio de Europa significaría dotar a los espacios locales de economías domésticas de auto sustentación, con grupos asociativos que construyan Joint Ventures de operadores pequeños y medianos, con un gran movimiento de conciencia que prefiera lo propio y lo limpio, castigando activamente en los mercados a las empresas contaminantes, a la piratería, el dumping ambiental, a las empresas que aplican el trabajo esclavo o manejan dineros del lavado de dinero del crimen organizado mundial.

Nuevos caminos para terminar las frías e impersonales redes de la codicia, para derrumbar las actuales catedrales globalizadas del dinero y echar las bases para una sana y equitativa distribución de la riqueza en el mundo.

***Hernán Narbona Véliz es periodista, poeta y escritor. Autor de 'Crónicas de Dos Siglos' y editor del blog 'Periodismo Independiente' · Este texto fue publicado en la Revista Noton número 7 (Otoño 2012).

5 de abril de 2013

Propuesta Cultural para este Fin de Semana :: EXPOSICIÓN DE EXPERIMENTOS PLÁSTICOS “LO IN/VISIBLE”



La Escalera Teatro, aula de Teatro de la UPO, después de un período creativo de búsqueda, experimenta con la materia y los estímulos para presentarnos su exposición “LO IN/VISIBLE”.

 
Día: Sábado, 6 de Abril de 2013
Hora: de 18:00 a 20:00 horas
Lugar: Espacio Vacío. Pza. del Pelícano, Local 22. Sevilla
 
Coordinación Plástica: Matías Ripoll.
Coordinación Aula de Teatro: Mariana González Roberts.

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

Vicerrectorado de Cultura, Participación y Compromiso Social
Extensión Cultural

Tiempo para la sostenibilidad de la vida

ANÁLISIS FEMINISTAS DE LA CRISIS Y SALIDAS ALTERNATIVAS

Astrid Agenjo Calderón y Lucía del Moral Espín · Colaboración para NOTON*** 

El sistema económico en que vivimos se caracteriza muy bien con la metáfora de un iceberg, en el sentido de que existe una base oculta conformada por un modelo tradicional de reparto de los cuidados encargado de sostener al sistema y actuar como colchón ante los reajustes que en él se producen. Este modelo está basado en la división sexual del trabajo por la cual las mujeres, con su tiempo de trabajo no remunerado en los hogares y comunidades, son las encargadas de la gestión cotidiana (e invisible) de nuestras vulnerabilidades e interdependencias ¿Y acaso eso no es economía? Obviamente sí. Y por ello, al analizar la crisis, lo que nos interesa no es el colapso financiero en sí mismo- ni la consiguiente congelación de la actividad productiva/mercantil-, sino atender a ello en la medida en que influye en los procesos por los cuales garantizamos el bienestar, y generamos y distribuimos los recursos necesarios para una vida que merezca la pena ser vivida. Es decir, se trata de preguntarnos cómo afecta la crisis a nuestra forma de organizarnos, no para la mera sobrevivencia, sino para sostener una vida que las personas tengamos razones para valorar.

Desde esta óptica, por tanto, nos interesa analizar también otros desajustes que ya venían poniendo en jaque al sistema: la crisis ecológica, la crisis alimentaria, la crisis de reproducción social en el sur global o la crisis de los cuidados en el norte global. Unas crisis que se superponían de múltiples formas y que estaban sacando a la luz el conflicto existente entre la lógica de acumulación de los mercados, y la lógica de la sostenibilidad y el cuidado de la vida. Unas crisis que, en última instancia, estaban poniendo de manifiesto la necesidad de una redistribución social de las responsabilidades de cuidados entre las distintas instituciones de la economía, no sólo con la participación de hombres y mujeres por igual en los grupos domésticos y comunidades, sino también con la participación del Estado y de las empresas.

Sin embargo, a raíz del estallido financiero, podemos afirmar con contundencia que ni uno ni otras se están haciendo cargo del problema; y es más, los ajustes de corte neoliberal no auguran en absoluto un giro en este sentido: por una parte, las empresas continúan disminuyendo su responsabilidad social en el cuidado de la vida como consecuencia de la reducción de sus cotizaciones a la seguridad social, y por las posibilidades que los gobiernos les ofrecen a la hora de flexibilizar tiempos y espacios de trabajo. Paradójicamente son estas mismas empresas las que están encontrado en la esfera de los cuidados una nueva oportunidad de negocio a través de la mercantilización y privatización de este tipo de servicios (educación, sanidad, ayudas, servicios de atención a la vida diaria, etc.), lo cual supone no solo la creación de un mecanismo multiplicador de desigualdades sociales -y la creación de una bolsa de empleo precario y feminizado- sino además la apropiación de una parte importante de las obligaciones del Estado.

Pero esto no es algo nuevo. A inicios de los 80 las políticas neoliberales implantadas en países de África y América Latina dieron lugar a un nuevo modelo de Estado al servicio de los mercados, diseñado bajo el supuesto implícito de que serían las mujeres, a través de la intensificación de su tiempo de trabajo remunerado y no remunerado, quienes afrontaran la reducción de ingresos en los hogares y la eliminación de los servicios sociales públicos. Estas políticas son las que nuestros gobiernos europeos nos están proponiendo ahora como receta mágica, de modo que seremos ahora nosotras, las mujeres de una Europa que se desmonta, quienes comencemos a sentir en nuestros cuerpos la violencia de un sistema económico que hará lo posible por sobrevivir a su agonía, tratando de convertir nuestros derechos, nuestros cuerpos, nuestros trabajos y nuestras vidas, en simples mercancías intercambiables a su antojo. Porque esa es la lógica perversa que concibe al capitalismo neoliberal heteropatriarcal: una lógica egoísta donde el dinero, la obtención de beneficios y el crecimiento económico, tienen el privilegio de organizar nuestros espacios y nuestros tiempos.

Sin embargo, los beneficios empresariales y el crecimiento económico no determinan el bienestar de la población, y el dinero no es más que un satisfactor históricamente determinado, un medio de intercambio limitado que solo facilita el acceso a aquéllos bienes y servicios que pueden mercantilizarse. Pero las necesidades de los seres humanos son de carácter multidimensional: no sólo requerimos comida, alimento, vestido, carreteras… sino también relaciones, afectos, sentido de pertenencia, escucha, participación, etc. La satisfacción de estas necesidades, sobre todo las de carácter afectivo-relacional, se produce, en gran medida, en las esferas no monetarizadas de la economía y fundamentalmente, como ya hemos señalado, gracias al trabajo no remunerado de las mujeres. Mucho de este trabajo se desarrolla en los hogares, pero no solo ahí. A lo largo de la historia, han existido prácticas comunitarias de intercambio de bienes y servicios que no se rigen por las lógicas capitalistas de acumulación de capital, por ejemplo las redes familiares, de las relaciones de buena vecindad, de las redes de apoyo mutuo… Actualmente, estas prácticas parecen difícilmente compatibles con los ritmos y los miedos de la vida contemporánea, sin embargo, en determinados momentos han sido primordiales para garantizar el bienestar cotidiano y aún hoy pueden serlo.

Por eso resulta muy estimulante que la expansión de las propuestas del movimiento de transición y del decrecimiento, y el estallido del 15M con la proliferación de Asambleas de barrio, esté favoreciendo la creación de nuevos tipos de redes alternativas de intercambio como los bancos de tiempo (BdT), monedas sociales o redes de trueque... que no se basan en la moneda de curso legal. Entre ellas, los BdT quizás representan el modelo que plantea mayores rupturas conceptuales y posibilidades de transformación de valoración de las formas de trabajo y de las relaciones sociales. Los principios básicos de los BdT son la reciprocidad indirecta, la cooperación y la paridad. Reciprocidad indirecta quiere decir que los intercambios no son bilaterales sino multilaterales. Hablamos de cooperación porque la reciprocidad exige una dimensión social, actuar conjuntamente para conseguir un mismo fin. Y, a su vez, esta cooperación se construye sobre la paridad, el reconocimiento de que el tiempo y las distintas habilidades y saberes de cada persona son útiles y valiosas, más allá del reconocimiento que de ellas haga el mercado.

Aunque la denominación BdT sea relativamente reciente, las prácticas de apoyo mutuo y de intercambio de servicios forman parte de nuestra cultura. Para comprobarlo no hay más que leer las descripciones de la vida en las antiguas corrales de vecinos/as. Además, cómo estrategia política, estas prácticas se remontan a la tradición del socialismo utópico, si bien nunca fueron hegemónicas y cayeron en desuso tras sucesivos fracasos y las fuertes críticas planteadas por Marx y Engels contra ellas. Por ello, a pesar de que tras la I guerra Mundial y durante la gran depresión se extendieron diversas experiencias de trueque de corte defensivo, puede decirse que los BdT contemporáneas surgen con los movimientos contraculturales de los años 60 y la crisis económica de los 70. Los primeros aparecen en Canadá y se expanden rápidamente a EEUU, Australia y posteriormente al Reino Unido. De allí se extendieron al resto de Europa. El caso italiano resulta de especial interés porque allí nacen vinculadas a los movimientos feministas y a los debates sobre el uso de los tiempos sociales y la necesidad de situar los cuidados como una responsabilidad social y un derecho de ciudadanía. En nuestro país los primeros BdT aparecieron en Cataluña a principios de los 90 y hoy día hay más de 200 distribuidos por toda la península.

Es importante subrayar que no existe un modelo único y homogéneo de BdT. Sin embargo, todos tienen algo en común: cuestionan la centralidad de lo monetario en el bienestar cotidiano y reivindican lo afectivo y lo relacional como parte central de la experiencia vital. Al hacerlo proponen un cambio que es cultural y político: modificar los presupuestos que organizan el tiempo de la vida y el valor que se asigna a cada actividad, algo imprescindible si se pretende avanzar hacia una necesaria redistribución social de las responsabilidades de cuidados. Este horizonte puede parecer utópico pero es, sin duda, fundamental de cara a desarrollar formas de existencia basadas en la sencillez voluntaria y que, en última instancia, permitan el sostenimiento de una vida que merezca la pena ser vivida.

*** Astrid Agenjo Calderón y Lucía del Moral Espín son doctorandas en la Universidad Pablo de Olavide (TARACEAS S. COOP. AND.) · Este texto fue publicado en el número 7 de la Revista NOTON (Otoño 2012)

4 de abril de 2013

¡APLASTEMOS A LOS PERROFLAUTAS!


DR. MARTE 

El tiempo es aquí y ahora. Actuemos como encantadores directores y encandilemos a la fascinada audiencia con un espectáculo inolvidable. Nosotros que sabemos el secreto del poder {todo vale} y lo ostentamos, debemos mantener una férrea influencia sobre la voluntad de las masas para sobrevivir.

Toda persona que sea crítica con el sistema y pregone la libertad debe ser asociada al crimen, la pereza o el vicio; bajo el simplificador término de perroflauta. Nuestros medios propagarán sin descanso la consigna:

TODO ACTIVISTA ES UN TERRORISTA / UN PERROFLAUTA
TODO MANIFESTANTE ES UN VAGO / UN PERROFLAUTA
TODO MENDIGO ES UN DROGADICTO / UN PERROFLAUTA

El éxito sobrevendrá cuando las gargantas zombies del populacho repitan nuestras consignas en sus bares. Y Lo harán porque hemos inoculado en ellos considerar a nuestro gobierno como NATURAL. Automáticamente, verán en toda oposición a nuestro imperio un acto impío.

Subconscientemente pervivirá en las masas cierto grado de afinidad hacia nuestros enemigos. Por eso es fundamental infundirles TERROR en sus esmirriados cerebelos. No dudemos lo más mínimo. Nuestras fuerzas de seguridad deben aplicar la violencia contra una minoría. El ejemplo nos hará fuertes ante los dominados.

Y así, docilmente, la mujer y el hombre común estarán al servicio de nuestro ocio...
¡¡ o serán condenados a la indigencia !!

El tiempo es aquí y ahora. ¡Aplastemos a los perroflautas!

By Dr. Marte
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Este texto fue publicado en la Revista NOTON nº7 (Otoño 2012).

3 de abril de 2013

Vergüenza y ridículo periodístico


Sin comentarios, sólo decir que estos periodistas frente a una pantalla nos dan asco

 
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